Job le pide a Moussa que bendiga a la niña. Moussa de buena gana agarra a la niña y le dice que el mundo es difícil. Ora que Dios le ayude a enfrentar lo que le traiga la vida, con salud, felicidad y una larga vida. Mientras la familia celebra, David regresa y tiene una historia que compartir. Cuando fue arrestado, intentó permanecer callado durante las interrogaciones. Pero finalmente les dio información. Sabía que lo matarían ya que no tenía nada más por ofrecer. Una noche, Jesús llegó a él en un sueño. Tenía ropajes flotando, ojos como fuego y pies que brillaban como el bronce. David cayó de rodillas en miedo y después en adoración. David le dijo a los demás prisioneros que había visto al Señor. Cuando los soldados llegaron por él, no fue llevado a su muerte. En vez de eso, fue liberado. Su multa había sido pagada por el esposo de Rivka. Moussa insiste que David se detenga. Le pide que no caiga en otro grupo loco que podría costarle su vida. Pero David y toda la familia le cuentan a Moussa qué se siente cuando se conoce a Jesús. Como seguidores, sus vidas están en las manos de Jesús. Cuando compartimos nuestra historia con otros, debemos llenarnos de oraciones, sin temor y enfocados. "Perseverad en oración, velando en ella con hacimiento de gracias: Orando también juntamente por nosotros, que el Señor nos abra la puerta de la palabra, para hablar el misterio de Cristo, por el cual aun estoy preso, para que lo manifieste como me conviene hablar. Andad en sabiduría para con los extraños, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepáis cómo os conviene responder á cada uno." (Colosenses 4:2-6).